la hija del rey y el vagabundo sintieron algo.
el padre pidió su cráneo, el verdugo su razón;
el monseñor grito ser la costumbre no haber amor entre un hombre y una hija de dios
y el galgo salio de caza mientras su asignado le arrastraba a paso atroz
no hay dolor en la cima de la montaña de los huesos rotos
solo olor a putrefacción y lágrimas secas de corazones que dejaron de latir
ambos se fueron en secreto una madrugada, cuando nadie les vio
no sirve un protector que es incapaz de velar por su castillo
ni los ojos que les vieron huir ni las lenguas que no dijeron nada
Ara, gritaba el viento entre los arboles del bosque
Ara, repetía con obstinación
pero ella se había vuelto sorda ante las voces, pero el la amaba mas que su razón
uno tras otro los habitantes de las aldeas fueron juzgados y ejecutados
todos eran culpables ante la ira del señor
su mas preciada joya se había vestido de traición y deshonor
se había hecho de noche y los zorros jugaban mordisqueando uvas
y haciendo cuentos de cuando los otros caminaban por las tierras
de las que se apoderaron los que se proclamaban reyes de la creación
Ara, decían los arboles moviendo sus ramas, crujiendo al ser quemados
Ara, clamaba la sangre derramada por los inocentes que su huida dejo
el amor lo puede todo, sin amor no existe nada, por amor se debe morir
el anciano repetía con demencia, dando saltos en su carroza tirada por caballos negros
y la anciana encapuchada sonreía, sacando a relucir su único diente
se decía que la luz llegaría a las sombras y traería un mundo mejor, estaba escrito
el padre pidió su cráneo, el verdugo su razón;
el monseñor grito ser la costumbre no haber amor entre un hombre y una hija de dios
y el galgo salio de caza mientras su asignado le arrastraba a paso atroz
no hay dolor en la cima de la montaña de los huesos rotos
solo olor a putrefacción y lágrimas secas de corazones que dejaron de latir
ambos se fueron en secreto una madrugada, cuando nadie les vio
no sirve un protector que es incapaz de velar por su castillo
ni los ojos que les vieron huir ni las lenguas que no dijeron nada
Ara, gritaba el viento entre los arboles del bosque
Ara, repetía con obstinación
pero ella se había vuelto sorda ante las voces, pero el la amaba mas que su razón
uno tras otro los habitantes de las aldeas fueron juzgados y ejecutados
todos eran culpables ante la ira del señor
su mas preciada joya se había vestido de traición y deshonor
se había hecho de noche y los zorros jugaban mordisqueando uvas
y haciendo cuentos de cuando los otros caminaban por las tierras
de las que se apoderaron los que se proclamaban reyes de la creación
Ara, decían los arboles moviendo sus ramas, crujiendo al ser quemados
Ara, clamaba la sangre derramada por los inocentes que su huida dejo
el amor lo puede todo, sin amor no existe nada, por amor se debe morir
el anciano repetía con demencia, dando saltos en su carroza tirada por caballos negros
y la anciana encapuchada sonreía, sacando a relucir su único diente
se decía que la luz llegaría a las sombras y traería un mundo mejor, estaba escrito
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