24 ene 2011

finito

¡Sacrilegio! Ha muerto el rey, su trono de huesos alquinos palideció.
en la corona de los mil ojos y el abismo,
los sirvientes se arrodillan ante el altar de sacrificios
un poco mas alto de lo bajo, donde la caldera de kellor,
lanzando sus insultos y blasfemias.
la lengua de la espada aleo al jinete tercero, y una estrella negra apareció,
encuéntrenlo, en el polvo y el fuego; en el olvido,
en el mundo de los muertos o en el mundo de los vivos,
Kellor sagrado! De las profundidades de los soles bajo el mar,
a tu origen encomiendo mi espíritu...
las cuatro piedras se alinearon a tu nombre!
y los sacrificados juraron lealtad a la sombra del difunto,
a las huellas de tus pasos, al silencio, a tu corazon roto!
al portal abismal que devolvió con cortesía una sonrisa
al coro decimo de querubines encabezados por zazel,
a los que dejaron sus túnicas blancas y ambiguas
por pieles de flores y muérdagos,
en donde los cadáveres dormian acunados por la descomposición,
invocando a la bestia, fueron para traer del pasado... el decreto futuro
las brujas que con cráneos y velas encendidas, gritan
hosanna in excelsis , hosanna in tera, el ritual ya ha comenzado,
en sisal de horda y vela
las tiras de huesos son lanzadas a la hoguera
en el circulo de pernack donde estan de pie los caídos blandiendo sus alas
alabando a kearon juzgador de civilizaciones y universos
es descomunal el embrujo del canto impronunciable,
es demencial la sed de sangre, en nuestro juicio final
mientras se bebe de la fuente de toda creación que va arando riachuelos
en esa misa oscura de los dioses blancos, la prohibida, la nunca vista;
la que viene despues del dia de mañana
se van convirtiendo en aire las risas de llantos que gritan sus torturas,
se contempla en espejos la fatalidad,
se toma a una cabra descuartizada dejando su cabeza colgada en el atrium
donde los tambores se agitan y las gargantas de las gallinas fueron rotas
la pirámide hacia abajo quedo prendida,
hoy arde el sepulcro,
todos los santos consumieron los pecados,
la pureza se corrompió en sus entrañas
el agua pañosa de los bajos pensamientos
el deseo carnal se convirtió en océano,
un adiós al rey sin herederos, un adiós al tosco paraíso prometido por dios.

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